El baile de los activistas.

Interesante realidad estamos viviendo.

Publican un Tiktok en el cual aparece un grupo de personas que están sumamente escandalizadas e indignadas. Argumentan que el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México está siendo utilizado para traer gente de otros países sin pasar por migración.

Cientos de venezolanos ―dicen― llegan todos los días de forma ilegal a través de la nueva terminal. Llama la atención que su razonamiento es el de que el aeropuerto fue precisamente construido para eso, ¡para traer a un extraño enemigo a la patria!

Parecen olvidar que el dichoso aeropuerto Felipe Ángeles fue construido en un lugar donde antes…

…había otro aeropuerto.

Como si el gobierno hubiera tenido que hacer todo el irigote que hizo para construir algo cuya única finalidad fuera la de trasladar algunos aviones llenos de terroristas comunistas come-niños.

Han de pensar que en todo el territorio nacional no hay suficientes bases de la fuerza aérea, como la que se encontraba en Santa Lucía, para saturar el sagrado suelo patrio de malandrines.

Pero da risa como escala la cosa.

El video comienza a circular en salas de Whatsapp y, por supuesto, muy pronto las tías y toda la masa conservadora, aterrorizada por el camino al comunismo que ha emprendido este país, comienzan a viralizarlo con despavoridos comentarios donde se lamentan de que ya vienen los venezolanos a transformar al pobre México en el gulag más grande de América del Norte.

¡Así empezaron la cosa en Cuba! 😱

La histeria se intensifica al grado que el propio presidente encuentra la forma de sacarle raja política: lo lleva a su programa de variedades mañanero y lo avienta a la agenda pública como si fuera un pedazo de hígado sanguinolento a un cardumen de tiburones.

El mandatario, además, emite el muy desafortunado comentario sobre uno de los participantes en el video, Carlos Alazraki ―un prominente integrante de la comunidad judía de nuestro país― a quien califica como “hitleriano” de pensamiento fascista.

¡Listo!

Acaba de garantizar que los mexicanos activistas de redes sociales ―dicho esto con toda la sorna posible― hagan que estas exploten por el sinsentido que les acaban de arrojar.

Sí, lo dicho fue una auténtica barrabasada, pero lo que los activistas del electrón no se dan cuenta es que lo hizo con toda la pinche mala intención del mundo, para que todos hablen del tema y se les olviden asuntos como el de que el clero católico de nuestro país está sumamente enojado y podría comenzar a meter las manos al lodazal político, del que había mantenido una higiénica distancia.

¡El presidente los pone a bailar al ritmo que le gusta!

¿Otro caso?

La fotografía donde aparece el hijo del mandatario. ¿Quién la tomó?

¿Qué integrante de la camarilla del presidente, en sus cinco sentidos, se atrevería a publicar esa imagen?

¡El presidente es tan pragmático que es capaz de utilizar a sus propios familiares con tal de desviar la atención! Sabe que la gente se engancha a la más mínima provocación y termina, como si se tratara de una horda de chimpancés, enfrascándose en una guerra de excrementos con los contrarios para demostrar quien insultó peor a los hijos o a las hijas de algún expresidente.

¿No fue y le dijo “zopilota” a su mujer en cadena nacional?

En varios sitios he dicho (y lo sostengo) que las redes pueden ser una magnífica arma para el activismo político, si se saben usar de manera correcta.

Este mismo público, que se engancha con estupideces, fue el que cuestionó y le hizo saber a cada diputado de oposición que estaban muy pendientes de su voto cuando se trató de rechazar aquel adefesio de ley eléctrica.

Funcionó para dar a conocer, de forma masiva, la opinión de los votantes y el mensaje fue entregado de forma puntual a cada uno.

El gran problema es que estas ganas de “brincar” al pleito a la menor provocación han transformado a las redes sociales en una especie de Whatsapp de tías en los que se critica, de manera muy banal, el físico de un adolescente o ensalzan a oscuras personalidades para transformarlas en verdaderos mesías debido a que están desesperadas por encontrar al candidato correcto.

Basta que un junior de la política diga que va a cerrar un aeropuerto y abrir otro, para que en los virtuales pasillos de internet comiencen a gritarle “¡Presidente, presidente, presidente!”, como si de la regenta de la ciudad se tratara.

A eso se llama populismo (esta definición se la robo a mi amigo Alejandro @EnvilaFisher, síganlo en Twitter): prometer soluciones muy sencillas a los grandes problemas, pero que, a la hora de la hora son imposibles de cumplir.

Resulta que odiamos el populismo, pero dejamos que el primer individuo con apellido “de abolengo político” se transforme en nuestro deseado macho alfa lomo plateado, guía de la nación, desfacedor de entuertos, que derribe aeropuertos así como vías férreas y nos regrese la jauja en que vivíamos antes.

¡La gente ya emitió su voto de manera virtual por estos nuevos caudillos!

Creo que esas ganas de encontrar al mesías que nos lleve a la Tierra Prometida es lo que nos metió en este brete por lo que, lo peor que podemos hacer, es repetir la fórmula.

Es hora de dejar de rogar por salvadores, de evitar ser deslumbrados por juniors, para comenzar buscar a un verdadero líder que, como están las cosas, tendrá que surgir de la propia sociedad civil.

¡Desconfiemos de todos los políticos!

Por cierto, no se les olvide también pasar a leer mis columnas en Conexionistas.com.mx

Armando Reygadas Anfossi
Armando Reygadas Anfossi
Viví la revolución digital en carne propia; di mis primeros pasos en medios tradicionales impresos y la radio; desde ahí salté a Internet. Comunicador especializado en tecnología, redes sociales, medios digitales y marketing en línea; me dedico a la ‘blogueada’ desde los 90s. Hasta la fecha participo en programas de radio así como podcast, además de editar reseñando.com.

Este autor escribe en Soy.Marketing los días jueves de cada dos semanas.

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